jueves, 5 de marzo de 2015

Práctica 2

La práctica del viernes 27 de febrero trataba de que cada uno de los alumnos escribiéramos de forma anónima en tres papeles distintos uno de nuestros mayores miedos, una situación en la que sentimos rabia y otra que nos genere un sentimiento de tristeza.
Atendiendo a la lectura del primer tema de la asignatura podemos definir la tristeza como la reacción emocional del vacío ante la pérdida de algo o alguien que nos resulta significativo; el miedo como la experiencia de inquietud experimentada con ocasión de una amenaza; y finalmente la rabia como la indignación ante lo que se tiende a rechazar o nos hiere en cualquier ámbito de nuestra vida.
Para ello nos colocamos en “corro”, de manera que todos nos viéramos entre nosotros, y así poder trabajar la expresión oral y poder también facilitar la comunicación.
            Después, cada uno escribió en sus papeles lo nombrado en el primer párrafo y metió cada papel en su bolsita correspondiente, habiendo así tres bolsas: la primera para nuestros miedos, otra para la rabia y la última para la tristeza.
A continuación, todos cogimos un papel de la primera bolsa y fuimos leyéndolos y dando posibles consejos para poder afrontarlos o reducirlos. Pudimos observar que muchos de los miedos eran similares, y gracias al profesor supimos que “simples” miedos como por ejemplo el temor a  algún animal podría refugiar un miedo más grande detrás. Posteriormente continuamos con la bolsa de la rabia, siguiendo el mismo itinerario que el anterior, es decir, cada uno cogía una papeleta de la bolsa y cuando estuvieron todas repartidas las fuimos leyendo una a una y dando las recomendaciones que creíamos oportunas y que sirvieran, de alguna manera, a la persona que lo había escrito a afrontar su rabia. Por último, hicimos lo mismo con los escritos sobre la tristeza.
Conforme realizábamos esta actividad era constante encontrar que lo que unas personas interpretaban como un miedo, otros lo situaban como tristeza o rabia, y viceversa. También nos llamó la atención que mucha gente no supo ofrecer ninguna solución, ya que él o ella sentían lo mismo que aquello que aparecía en la papeleta.

El objetivo de esta práctica era darnos cuenta de que muchos de nuestros temores, tristezas o rabias que creemos que solo tenemos nosotros son compartidos por mucha más gente. Otro objetivo fue conocer y ofrecer alternativas de solución para reducir estos sentimientos, siendo los más escuchados el saber que no estamos solos, que podemos apoyarnos en muchas personas de nuestro alrededor, o la importancia de confiar en nosotros mismos.

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